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Cómo saber cuándo es momento de vender tu empresa

Cómo saber cuándo es momento de vender tu empresa

La motivación escasea, la contabilidad se hace cuesta arriba… ¿Ha llegado el momento de vender tu empresa y desligarte del proyecto?

Hay quien dice que una empresa es como una relación de pareja: un vínculo al que cuesta dar por finiquitado porque, al fin y al cabo, resulta francamente difícil olvidar los buenos tiempos y las alegrías vividas. Pero, como en toda relación de pareja, en las empresas hay un punto de no retorno, un momento en el que todo se hace cuesta arriba (la gestión, la contabilidad, la administración) y empiezas a plantearte: ¿es el momento de vender?

Esta puede parecer una opción remota, un último cartucho que es mejor no quemar porque implica una ruptura definitiva con una parte importante de tu vida… Por eso, para ponértelo un poco más fácil, este artículo te habla de cuatro indicativos de que, por mucho que duela, puede que lo mejor para ti sea vender tu empresa y desligarte del proyecto de forma definitiva.

 

Pérdida de entusiasmo

Todas las empresas se construyen usando el entusiasmo como cemento de base. Es normal: levantar un proyecto empresarial requiere un esfuerzo colosal que solo puede ser afrontado si genera un entusiasmo genuino en todos los implicados en el proyecto… Pero los tiempos cambian. Y el entusiasmo se agota.

¿Has notado que sacar adelante la empresa ha dejado de ser un placer y se ha convertido en una obligación? Esto solo puede significar que existe una pérdida de motivación y creatividad que está matando poco a poco tu empresa. Y esto es algo contra lo que no se puede luchar: hay veces en los que, simple y llanamente, los proyectos se agotan. Y entonces hay que dejarlos ir.

 

Reducción de la capacidad empresarial

Lo de “renovarse o morir” es algo que hemos escuchado toda la vida y que incluso nos decían nuestras abuelas. Pero nunca ha sido tan cierto como en pleno año 2019, cuando la renovación no es algo que haya que plantear en el seno de las empresas cada cierto tiempo, sino que ha de habitar directamente en el seno de esas mismas empresas si estas quieren sobrevivir.

La renovación digital es tan solo la punta del iceberg de un panorama en el que hay que invertir tiempo y esfuerzo de forma continua para no perder comba y ser competitivo… Pero esto es algo que, en algún momento u otro, tu empresa puede ser incapaz de asimilar. La renovación, al fin y al cabo, no es un rasgo exclusivo del espíritu: también implica una inversión de medios y contabilidad que a lo mejor tu empresa ya no puede afrontar.

 

Capital insuficiente

En profunda relación con el punto anterior de este artículo, una empresa es una especie de monstruo al que hay que alimentar económicamente día sí y día también. Todas las áreas empresariales necesitan inversión económica si quieren crecer, y eso es algo que puede ahogar incluso a la estructura más saneada.

Peor todavía: la mayor parte del tiempo, una empresa no solo necesita invertir en la estructura existente, sino en sufragar nuevas necesidades estructurales. Nuevos departamentos, nuevos expertos, nuevo enfoque de la contabilidad… Todo esto no sale gratis y, de hecho, muchas veces es mejor renunciar que endeudarse con un banco que te ofrecerá nuevo capital, pero nunca nuevas vías de escape.

 

Oferta irresistible

No todas las posibilidades que te ofrece este artículo van a ser catastróficas… También puede darse el caso de que todo vaya bien, que el equipo esté motivado, las finanzas y la contabilidad saneadas y que, en general, tu empresa funcione bien (o, digamos, “lo suficientemente bien”) como para recibir una oferta externa irresistible por parte de algún otro empresario.

Entonces ha llegado el momento de que te preguntes: ¿por qué no vender? ¿Tienes motivos de peso reales? ¿Por qué  no dejar tu proyecto en manos de un nuevo líder y un equipo que sea capaz de insuflarle la energía que ha ido perdiendo poco a poco? Al fin y al cabo, puede que esta venta te ofrezca el capital necesario para afrontar nuevas aventuras. Y eso siempre es estimulante.