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¿Eres el Balón de Oro de tu empresa? Lecciones de fútbol aplicadas a los negocios

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El fútbol tiene mucho de negocio, sobre todo en lo referente a la élite. En este texto no entraremos a valorar los pormenores de la industria futbolística; repararemos, en cambio, en aquello que comparte el llamado ‘deporte rey’ con las dinámicas de cualquier compañía. En las enseñanzas que todo equipo profesional puede dejarnos para nuestro negocio.

Porque si el fútbol es un deporte de 11 contra 11 en el que siempre gana Alemania; el negocio es una disciplina de todos contra todos en la que siempre quieres ganar tú.

Habilidades.

El talento hay que pagarlo como se merece, y para ver que esto es así basta con echar un vistazo a los salarios de los grandes clubes de Europa. Quien exige las mayores sumas de dinero lo hace con la seguridad de haber rendido por encima de sus compañeros.  Ocurre que estos jugadores –sus habilidades– son los que llevan a los seguidores al estadio, por tanto sus salarios están justificado y rentabilizados con el precio de las entradas.

En el terreno de los negocios, un empleado que desarrolla con excelencia sus tareas debe ver recompensado su virtuosismo, a la vez que debe ser animado para que influya positivamente en aquellos que le rodean.

Ambición.

En el mundo del fútbol, como en el terreno empresarial, la ambición es un motor importantísimo. En este sentido, la cultura del éxito debe estar arraigada en los empleados/jugadores para que persigan los objetivos de la empresa/equipo impulsados por la gasolina de la ambición.

Si en el apartado anterior serviría como ejemplo de virtuosismo Leo Messi, en este caso podemos destacar a su rival más directo, Cristiano Ronaldo, un animal competitivo con la ambición a flor de piel. Pese a que se mueve –aparentemente– por un impulso egoísta, el éxito de este jugador termina redundando en el devenir de su club.

Pasión.

Como ocurre con la ambición, la pasión puede ser el motor que lleve a un empleado/jugador a lograr el objetivo que le ha sido planteado. La pasión es imprescindible en todos los ámbitos de la vida, da igual que hablemos de trabajo, deporte o formación. En el terreno de juego, un futbolista apasionado contagia la energía a sus compañeros; y lo mismo ocurre dentro de las cuatro paredes de la oficina.

Luego está la pasión por los colores. Un caso concreto es el de Fernando Torres. Este jugador ha conseguido tener un par de años muy decentes en la recta final de su carrera, cuando, después de deambular por media Europa, parecía que no podía dar más de sí.  El compromiso y la identificación con tus colores, con tu empresa –sea cual sea– suele garantizar rendimiento.

Estrés.

Empresas y equipos están expuestos a momentos de estrés continuos, se trata de una situación inevitable, pero la forma en que se manejan estas situaciones es la que diferencia al buen jugador/empleado del resto de compañeros. Saber rendir en momentos estresantes, aprovecharlos inclusos para aumentar la productividad, es una virtud al alcance de los mejores.

¿Un ejemplo? Andrés Iniesta… Ejemplo positivo de casi todo, también de esto: cuando un partido sube de revoluciones, el jugador manchego aporta templanza o saca olfato goleador en función de lo que necesite su equipo. El Chelsea y la selección holandesa saben bien de qué hablamos.

Disciplina.

 Una característica imprescindible en el esquema de cualquier equipo o compañía es la disciplina y, aún más, la autodisciplina. En el terreno deportivo resulta imprescindible mantenerse a cierta distancia de vicios como el alcohol o el tabaco, pues de ello depende el rendimiento de un jugador –cada poco tiempo salen casos de estrellas venidas a menos prematuramente por su afición a la fiesta continua–.

En el terreno profesional, el empleado debe estar en forma física y mentalmente para asumir los retos necesarios y tomar decisiones en plenitud de facultades.

Capitanía.

Cualquier persona que anhele ser capitán de su equipo –o empresa– debe saber que se precisará algo de experiencia previa en tareas previas. Además, entre sus habilitades debe contar con carisma, grandes dotes de liderazgo, capacidad de mediar entre el resto de jugadores –empleados– y  talento para motivar e inspirar a los suyos.

Un capitán, como un buen CEO, es el espejo en el que se miran los compañeros menos experimentados. Alguien además que reúnen las virtudes que ya hemos expuesto anteriormente. Los grandes capitanes del universo futbolístico son aquellos que dejan huella en sus clubes, caso de Lampard (Chelsea), Gerrard (Liverpool), Buffon (Juventus), Ballack (Bayer Leverkusen). En la misma línea, los grandes CEOs dejan tras de sí un herencia incuestionable, caso de Steve Jobs (Apple).

Selección de personal.

El éxito de un equipo depende en gran medida de la selección de jugadores, renovados cada año en los mercados de invierno y verano. Del mismo modo, el éxito de una empresa depende del trabajo realizado por el departamento de Recursos Humanos.

Tener a personal cualificado y motivado en los puestos clave de la empresa es garantía de rendimiento, tal y como ocurre en los clubes. Y al contrario: comprar a jugadores un poco bluf que se mueven por dinero terminará traduciéndose en un descalabro permanente que, a la larga, significará una enorme pérdida de tiempo, dinero y prestigio. Pregunten en París.

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