Si cada cierre de ejercicio te toca decidir cuánto puedes deducir por la pérdida de valor de tus activos, aquí tienes los coeficientes del Impuesto sobre Sociedades en 2026 y cómo construir la tabla.
Las tablas de amortización son la referencia que utiliza la Agencia Tributaria para fijar cuánto puede deducirse cada año una empresa o un autónomo por la pérdida de valor de su inmovilizado. Son los coeficientes y plazos máximos a los que puedes amortizar un edificio, una furgoneta, un ordenador o cualquier otro activo afecto a tu actividad.
Conocerlas es imprescindible para calcular bien la base imponible del Impuesto sobre Sociedades o del IRPF, evitar sustos en una inspección y aprovechar los incentivos fiscales que existen para las pymes.
En este post vas a ver qué son, qué tabla aplica según tu régimen, los principales métodos de cálculo y cómo construir la amortización del inmovilizado de un activo concreto con un ejemplo numérico.
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Una tabla de amortización es el listado oficial que recoge, para cada tipo de activo del inmovilizado, el coeficiente lineal máximo anual y el período máximo en años durante el que puedes amortizarlo a efectos fiscales. Determina, en términos prácticos, cuánto puedes llevar a gasto deducible cada ejercicio por la pérdida de valor de un activo y durante cuántos años.
En España existen dos tablas de referencia: la tabla del Impuesto sobre Sociedades, recogida en el artículo 12 de la Ley 27/2014, que aplica a sociedades y a autónomos en estimación directa normal, y la tabla simplificada de autónomos, aprobada por la Orden de 27 de marzo de 1998, que aplica a quienes tributan en estimación directa simplificada.
Ambas tablas comparten el mismo objetivo: dar seguridad jurídica al cálculo de la dotación a la amortización, de modo que el gasto deducido coincida con la depreciación que la norma considera "efectiva" sin necesidad de probarla activo por activo.
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Las tablas de amortización cumplen una función muy concreta en la fiscalidad y la contabilidad de cualquier empresa o profesional con activos afectos a su actividad. En el día a día sirven para tres cosas:
Sin tablas, cada empresa tendría que demostrar año a año la pérdida real de valor de cada elemento, algo inviable en la práctica para una pyme. Por eso, salvo que se opte por un método especial, casi todo el inmovilizado de las empresas españolas se amortiza siguiendo estas referencias oficiales.
No todas las empresas y autónomos aplican la misma tabla. La que te corresponde depende del régimen fiscal en el que tributes. A continuación se detallan los tres escenarios habituales:
Aplican la tabla oficial del artículo 12 de la Ley 27/2014 del Impuesto sobre Sociedades. Es la tabla más detallada, con grupos específicos para edificios, instalaciones, maquinaria, mobiliario, equipos informáticos, vehículos, etc. Además, puedes elegir entre varios métodos de amortización (lineal, degresivo, números dígitos o plan formulado).
Aplican la tabla simplificada de la Orden de 27 de marzo de 1998, que agrupa el inmovilizado en 10 categorías. Solo pueden utilizar el método lineal y, además, se deducen un 5 % del rendimiento neto en concepto de gastos de difícil justificación con un tope anual.
Aplican la tabla específica de amortización para módulos, similar en estructura a la simplificada. La amortización solo afecta al cálculo del rendimiento neto en aquellas actividades en las que la norma del módulo lo prevé expresamente.
La tabla del artículo 12 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades es la referencia central para sociedades y para autónomos en estimación directa normal. Establece, para cada grupo de activos, el coeficiente lineal máximo anual y el período máximo en años durante el que se puede amortizar el bien.
Esta es la versión resumida de los grupos más relevantes para una pyme media:
Cualquier elemento que no aparezca explícitamente en la tabla se amortiza, por defecto, al 10 % anual durante un máximo de 20 años. Cada empresa puede elegir cualquier coeficiente entre el mínimo (el que resulta de aplicar el período máximo) y el máximo (el coeficiente lineal de la tabla), siempre que sea constante a lo largo de la vida útil del activo.
Si necesitas bajar al detalle de un activo concreto, tenemos artículos específicos para profundizar en la amortización de equipos informáticos, la amortización de maquinaria o la amortización de inversiones inmobiliarias, que recogen casuística más específica que la que cabe en este post.
Si tributas en estimación directa simplificada, no aplicas la tabla del Impuesto sobre Sociedades, sino la simplificada de la Orden de 27 de marzo de 1998 (BOE-A-1998-7200). Resume el inmovilizado en 10 grupos y solo admite el método lineal.
Pueden optar por la estimación directa simplificada los autónomos con un volumen de facturación inferior a 600.000 € anuales que no hayan renunciado al régimen y cuya actividad no esté sometida obligatoriamente a estimación objetiva. Como contrapartida a la simplificación, no podrás aplicar la amortización degresiva ni el método de números dígitos.
La normativa fiscal española admite varios métodos para calcular la amortización del inmovilizado. La elección depende del tipo de activo y del régimen fiscal en el que tributes.
El más utilizado y el único permitido en estimación directa simplificada. Reparte el valor amortizable en cuotas iguales durante toda la vida útil del bien, aplicando el coeficiente elegido sobre el valor de adquisición. Tiene sentido cuando la pérdida de valor es constante en el tiempo, como en mobiliario, ordenadores o construcciones.
Aplica un porcentaje fijo sobre el valor pendiente de amortizar al inicio de cada año. La cuota es decreciente: se amortiza más al principio y menos al final, lo que adelanta la deducción. No se puede aplicar a edificios, mobiliario ni enseres.
Permite generar cuotas crecientes o decrecientes en función de una serie de dígitos. La cuota anual se calcula dividiendo la base de amortización por la suma de los números naturales de la serie y multiplicándola por el dígito asignado a cada año. Tampoco se aplica a edificios, mobiliario ni enseres.
Cuando ningún método estándar refleja correctamente la depreciación de un activo concreto, la empresa puede solicitar a la Administración tributaria la aprobación de un plan especial de amortización adaptado a sus circunstancias. Es una vía menos habitual, pero resulta útil para activos atípicos.
Construir la tabla de un elemento del inmovilizado por el método lineal conlleva cinco pasos:
Por ejemplo, si compras un ordenador por 1.500 € y decides amortizarlo al 25 % (4 años), la tabla quedaría así:
A partir del cuarto año, el activo está totalmente amortizado y deja de generar gasto deducible, aunque puedas seguir utilizándolo en la actividad. La columna del valor pendiente coincide con el valor neto contable que figurará en el balance.
Las empresas de reducida dimensión (ERD) y los autónomos asimilados disponen de varios incentivos fiscales que permiten desviarse de la tabla oficial para deducir antes el coste de las inversiones nuevas. Estos son los más relevantes en 2026:
Permite multiplicar por dos el coeficiente lineal máximo de la tabla para los elementos nuevos del inmovilizado material y de las inversiones inmobiliarias afectos a la actividad económica, así como para el inmovilizado intangible. Esto supone que, en la práctica, una ERD puede amortizar un ordenador al 50 % en lugar del 25 % de la tabla.
Permite amortizar libremente, hasta el 100 % en un solo ejercicio, el inmovilizado material y las inversiones inmobiliarias nuevos, siempre que la inversión vaya acompañada de un incremento de la plantilla media en los 24 meses siguientes y que se mantenga durante otros 24 meses adicionales. La cuantía con derecho a libertad de amortización se obtiene multiplicando 120.000 € por el incremento de plantilla calculado con dos decimales.
Las ERD pueden llevar directamente a gasto, en el ejercicio de adquisición, los elementos nuevos del inmovilizado material de valor unitario inferior a 300 €, con un límite anual de 25.000 €. Por debajo de ese umbral no es necesario elaborar tabla individual.
Existen también regímenes específicos para infraestructuras nuevas de recarga de vehículos eléctricos y otras inversiones vinculadas a la transición energética, que permiten acelerar la deducción fiscal sin pasar por la tabla.
La amortización contable es la que la empresa registra en sus libros para reflejar la depreciación efectiva del activo, mientras que la amortización fiscal es la que admite Hacienda como gasto deducible en el Impuesto sobre Sociedades. Cuando ambas no coinciden, aparece una diferencia que se ajusta al liquidar el impuesto.
Si la amortización contable supera el máximo fiscal de la tabla, el exceso no es deducible en el ejercicio en que se dota, pero puede serlo en períodos posteriores cuando la dotación contable se haya agotado y la tabla siga vigente. Genera una diferencia temporaria deducible que reduce el impuesto a pagar en años futuros.
Si, al contrario, la amortización contable es inferior a la fiscal y la empresa quiere aprovechar el incentivo (por ejemplo, libertad de amortización), debe practicar el ajuste extracontable correspondiente al liquidar el impuesto. La diferencia revertirá en ejercicios posteriores cuando la dotación contable supere a la fiscal.
Estos son los fallos más frecuentes que aparecen en revisiones contables y que conviene evitar al construir tu tabla:
Te interesa: Cómo contabilizar amortizaciones: guía práctica y asientos
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El exceso de amortización contable sobre la fiscal no es deducible en el ejercicio en que se dota, pero puede serlo en periodos posteriores cuando la tabla aún siga vigente y la dotación contable ya esté agotada. La empresa registra una diferencia temporaria deducible que reduce el impuesto a pagar en ejercicios futuros, sin que el importe se pierda.
Sí, pero solo desde el momento de la afectación a la actividad y partiendo de su valor de mercado en esa fecha, no del precio de adquisición original. La vida útil restante se calcula como la diferencia entre el período máximo de la tabla y los años transcurridos desde la compra del bien.
El software se considera inmovilizado intangible y se amortiza al coeficiente lineal máximo del 33 % en un período máximo de 6 años. Las licencias de uso temporal, cuando tienen un plazo definido, se amortizan a lo largo de ese plazo, mientras que las perpetuas siguen el coeficiente del software.
No. El término "tabla de amortización" tiene un segundo significado en finanzas como cuadro de devolución de un préstamo (sistema francés, alemán o americano), pero ese cálculo no tiene relación con las tablas fiscales. Las tablas fiscales aplican exclusivamente al inmovilizado de la empresa o el autónomo, no a sus pasivos financieros.
En el momento de la venta hay que dar de baja el activo del balance por su valor neto contable (valor de adquisición menos amortización acumulada). La diferencia entre el precio de venta y ese valor neto es el resultado de la operación: beneficio o pérdida que se imputa al ejercicio en que se produce la venta.
Las tablas oficiales son estables y solo cambian cuando se modifica la Ley del Impuesto sobre Sociedades o la Orden Ministerial de la simplificada. Lo que sí cambia cada ejercicio son los valores que aplicas en tu propia tabla (altas, bajas, ampliaciones de inmovilizado), por lo que conviene revisarla en cada cierre.