Aprende a contabilizar las amortizaciones de tu inmovilizado de forma correcta y sin errores, a calcular la cuota anual y realizar los asientos contables correspondientes.
Registrar correctamente la amortización es uno de los puntos donde más errores se cometen en la contabilidad de una pyme. Y tiene sentido: el término "amortización" engloba dos procesos distintos que requieren un tratamiento contable diferente: el de los activos del inmovilizado y el de los pasivos financieros, como préstamos o hipotecas.
Para contabilizar una amortización, hay que identificar primero de qué tipo se trata, elegir el método adecuado y registrar el asiento correspondiente usando las cuentas del Plan General de Contabilidad (PGC). En este post te explicamos el proceso paso a paso, con ejemplos concretos y los asientos que corresponden a cada caso.
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La amortización es el proceso contable mediante el cual se distribuye sistemáticamente el coste de un bien o una deuda a lo largo del tiempo. Este mecanismo responde al principio de correlación de ingresos y gastos recogido en el PGC (Real Decreto 1514/2007): si un activo contribuye a generar ingresos durante varios ejercicios, su coste debe imputarse gradualmente a esos períodos, no en el año de la compra.
La obligatoriedad de amortizar el inmovilizado está recogida en el artículo 38 del Código de Comercio. Omitirla supone incumplir el principio de imagen fiel, con independencia del resultado del ejercicio.
Aunque comparten nombre, la amortización de activos y la de pasivos son conceptos distintos y se contabilizan de manera diferente:
Esta distinción es fundamental para no confundir el tratamiento contable de cada operación.
Antes de registrar la amortización de un activo, tenes que definir tres parámetros:
Además, hay que elegir la forma de reflejar la amortización en la contabilidad: por un lado está el método directo, en el que el valor del activo se reduce directamente en la cuenta del grupo 2 cada año. El bien aparece en el balance por su valor neto contable, sin desglosar la amortización acumulada. Es más sencillo, pero pierde trazabilidad.
Por otro lado, el método indirecto, que es el más utilizado en España y el que exige el PGC para las cuentas anuales. El activo se mantiene a su coste histórico y la depreciación se acumula en una cuenta correctora del subgrupo 28. Permite conocer simultáneamente el coste bruto, la amortización acumulada y el valor neto contable del bien.
La contabilización de la amortización del inmovilizado requiere dos pasos: calcular la cuota anual mediante el método elegido y registrar el asiento correspondiente. Los dos métodos más habituales en la práctica empresarial española son el lineal y el decreciente.
Es el método más sencillo y el más extendido. La cuota anual de amortización es constante durante toda la vida útil del activo:
Cuota anual = (Valor de adquisición − Valor residual) / Vida útil en años
Es el método idóneo cuando el activo genera beneficios de forma homogénea a lo largo del tiempo, como es el caso del mobiliario, las instalaciones, los edificios o el software.
Ejemplo:
Una empresa adquiere una máquina por 10.000 € con un valor residual de 1.000 € y una vida útil estimada de 9 años. La cuota anual es: (10.000 − 1.000) / 9 = 1.000 €.
El asiento a 31 de diciembre de cada ejercicio sería:
Genera cuotas más altas en los primeros años y menores al final de la vida útil. Es adecuado para activos con alta depreciación inicial, como vehículos industriales, equipos tecnológicos o maquinaria de alta rotación. Existen dos variantes principales:
Ambos métodos no son aplicables a edificios, mobiliario ni enseres, solo a maquinaria, vehículos y equipos electrónicos con vida útil dentro de los límites de las tablas fiscales.
La amortización de un pasivo financiero (préstamo bancario, hipoteca o emisión de bonos) responde a una lógica completamente diferente a la del inmovilizado. No se trata de registrar un gasto por depreciación, sino de reflejar la devolución del capital prestado y el pago de los intereses. Los tres sistemas principales son el francés, el alemán y el americano.
Es el sistema más utilizado en España para préstamos hipotecarios y personales. La cuota total es constante durante toda la vida del préstamo, pero su composición varía: al principio, una mayor parte corresponde a intereses; al final, la mayor parte es amortización de capital.
Asiento en cada cuota de pago:
La amortización de capital es constante en cada cuota, mientras que los intereses disminuyen período a período a medida que se reduce el capital pendiente. Como resultado, las cuotas totales son decrecientes. Este sistema es habitual en ciertos préstamos empresariales y en la financiación entre empresas del mismo grupo.
La estructura del asiento es idéntica a la del sistema francés, aunque los importes de capital e intereses varían en cada período:
Durante toda la vida del préstamo solo se pagan intereses periódicos. El capital se devuelve íntegramente al vencimiento en un único pago. Es un sistema habitual en emisiones de bonos y en determinados instrumentos de financiación corporativa.
Asiento periódico (pago de intereses):
Asiento al vencimiento (devolución del capital):
El Plan General Contable establece cuentas específicas y diferenciadas para cada tipo de activo. Es fundamental no confundirlas.
Por un lado, las cuentas de gasto del grupo 6:
Por otro, las cuentas correctoras del activo del subgrupo 28:
Las cuentas del subgrupo 28 son cuentas de signo acreedor que actúan como correctoras de valor: no reducen el valor bruto del bien, sino que acumulan toda la depreciación registrada desde el inicio. La diferencia entre el coste histórico y la amortización acumulada es el valor neto contable del activo.
El PGC desglosa la cuenta 281 en subtipos: 2811 (construcciones), 2812 (instalaciones técnicas), 2813 (maquinaria), 2814 (utillaje), 2815 (otras instalaciones), 2816 (mobiliario), 2817 (equipos para proceso de información) y 2818 (elementos de transporte), entre otras.
La amortización forma parte de las operaciones de cierre del ejercicio y se contabiliza el último día del año natural (31 de diciembre). Existe una excepción: cuando el bien sale del patrimonio durante el ejercicio (por venta, baja o destrucción), se contabiliza la amortización proporcional al tiempo de uso en el año de la salida.
Ahora que ya conoces la teoría, vamos a clarificar aún más los conceptos con dos ejemplos concretos de cómo se deben contabilizar distintos tipos de amortizaciones.
Una PYME adquiere el 1 de enero un vehículo de reparto por 12.000 € (sin IVA). Aplica el método lineal con una vida útil de 6 años y un valor residual de 0 €.
Cuota anual: 12.000 / 6 = 2.000 €
El asiento a 31 de diciembre de cada ejercicio será:
Al cabo de 6 años, la cuenta (218) Elementos de transporte mantiene el valor bruto de 12.000 € y la cuenta (2818) acumula 12.000 € de amortización. El valor neto contable del activo es 0 €.
Una empresa formaliza un préstamo de 30.000 € a 3 años con un tipo de interés anual del 5%. La cuota anual constante es de aproximadamente 11.019 €.
En el primer año los intereses son: 30.000 × 5% = 1.500 €. El capital amortizado ese año es: 11.019 − 1.500 = 9.519 €.
Asiento al pago de la primera cuota anual:
En cada año siguiente, el importe de intereses disminuye al reducirse el capital pendiente, mientras la cuota total se mantiene constante.
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No todo lo que compras para el negocio debe amortizarse. Existe un umbral práctico muy relevante, especialmente para autónomos y PYMEs:
Además, en el caso de empresas de reducida dimensión (con cifra de negocios inferior a 10 millones de euros), existen regímenes de amortización acelerada que permiten imputar el coste de ciertos activos de forma más rápida.
La amortización de un activo fijo se calcula sobre el valor amortizable (valor de adquisición menos valor residual estimado). La cuota anual depende del método elegido: en el lineal, se divide el valor amortizable entre los años de vida útil estimada.
Los coeficientes máximos y períodos mínimos admitidos fiscalmente están recogidos en las tablas del Impuesto sobre Sociedades (Ley 27/2014 y Real Decreto 634/2015).
Desde el momento en que el activo entra en funcionamiento y comienza a generar beneficios para la empresa, no desde que se paga ni desde que se recibe la factura. Si el activo se incorpora en un mes distinto a enero, la cuota del primer año debe calcularse de forma proporcional a los días de uso real.
Sí. El PGC exige que la amortización se dote de forma sistemática con independencia del resultado del ejercicio. No dotarla supone incumplir el principio de imagen fiel y el de prudencia. Además, la Agencia Tributaria aplicará la amortización mínima de todos modos en el momento de la venta del bien.
La amortización contable se basa en la vida útil estimada del activo según criterios técnicos y económicos, mientras que la amortización fiscal debe ajustarse a los coeficientes y períodos de las tablas del Impuesto sobre Sociedades.
En la mayoría de los casos coinciden, pero si la empresa amortiza más de lo permitido fiscalmente, el exceso no es deducible y genera una diferencia temporaria que habrá que ajustar en la declaración del impuesto.
Sí, dentro de la horquilla permitida. Se puede elegir cualquier porcentaje entre el mínimo (100 dividido entre el período máximo de las tablas) y el máximo establecido. No obstante, Hacienda computará siempre como mínimo la cuota mínima en el cálculo del resultado de la venta del activo, aunque no se haya contabilizado.
El inmovilizado figura en el balance por su valor neto contable (coste histórico menos amortización acumulada). A medida que avanza la amortización, el activo reduce su peso en el balance aunque el coste bruto no varíe. En la memoria de las cuentas anuales deben detallarse el coste bruto, la amortización acumulada y las dotaciones del ejercicio.