
Millones de larvas de mosca convierten residuos orgánicos en una proteína alternativa de alto valor en una planta repleta de brazos mecánicos y cintas transportadoras, totalmente automatizada por inteligencia artificial. Parece un relato de ciencia ficción, pero es una fábrica real impulsada por tres emprendedores catalanes.
Dapibus es una compañía biotecnológica con base en Ca N’Amat, en Abrera, especializada en transformar los residuos orgánicos reutilizables en proteínas alternativas destinadas a la alimentación animal y otros productos de alto valor añadido para industrias como la de los fertilizantes, farmacéutica y cosmética, entre otras. Sus máximos responsables y cofundadores son los jóvenes Álex Segura, Carlos Conde y Arturo Almanzor. Juntos consiguieron levantar 10 millones de euros combinando inversión privada, subvenciones y un par de préstamos para poner en marcha su startup.
“Ninguno de los tres había sido emprendedor antes de manera seria. Yo venía de trabajar muchos años en multinacionales del sector textil, con un rol más comercial y de negocio estratégico enfocado en sostenibilidad en la última etapa. Carlos es ingeniero industrial y, después de una larga experiencia en la industria metalúrgica desarrollando plantas y ayudando a la propiedad en la gestión del negocio, venía de una etapa en la que estaba evaluando un proyecto para emprender, picando piedra. Y Arturo llevaba relativamente poco tiempo post-universidad, pero ya tenía buena experiencia de 3 o 4 años en banca de inversión”, explica Segura, consejero delegado de la compañía.

La idea nace en 2021 como resultado de una inquietud personal de Segura, que después de muchos años trabajando para otros sentía la necesidad vital y profesional de hacer algo propio con impacto. “Empecé a leer muchas revistas científicas, sobre todo de Estados Unidos, sobre el uso de insectos como una alternativa más eficiente dentro de la cadena alimentaria. En realidad, no inventamos nada, simplemente vi una oportunidad de mejorar un proceso y generar un negocio con impacto. Fueron entre tres y seis meses de investigación, de tirar del hilo, viendo qué se hacía en otros países, entender metodologías. Hasta que encontré un curso en España sobre cómo montar granjas de insectos. Ahí empieza a tomar forma mi visión, que era muy clara: industrializar el proceso, generar volumen y automatizar al máximo para generar impacto real. La industria agroalimentaria genera muchísimos residuos y es una de las más contaminantes. Si queríamos un impacto real, había que hacerlo a escala industrial”, cuenta Segura, quien despertó la curiosidad y el interés de su entorno más cercano con su idea.
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“En plena pandemia hablé con dos personas muy cercanas, con mucha experiencia empresarial —continúa el CEO de Dapibus—, y las dos me dijeron que debía seguir adelante, que me acompañarían, que contaba con su apoyo. En un primer momento no invirtieron, eso no fue inmediato, pero sus palabras supusieron un gran empujón. Una de ellas me dijo algo clave: ‘Vas a necesitar un ingeniero, y si además tiene un MBA, mejor’. Y así llegué a Carlos (Conde), que estaba trabajando en Ámsterdam en ese momento”.
No fue muy complicado convencer a Conde, actualmente jefe de operaciones (COO), porque ya había leído sobre el sector y también tenía ganas de emprender un proyecto propio. Empezaron a trabajar a distancia y en junio de 2021 constituyeron la empresa como SL, a la que se sumaría como director financiero (CFO) Arturo Almanzor. “Los tres nos complementamos muy bien. Venimos de mundos bastante distintos. Carlos y yo tenemos ahora 37 y 39 años, somos más o menos de la misma generación. Arturo es algo más joven, del 96. Al final, siempre digo que la experiencia es importante a la hora de emprender un negocio, pero también la curiosidad y las ganas de aprender”, sostiene Segura.
“Siempre digo que la experiencia es importante a la hora de emprender un negocio, pero también la curiosidad y las ganas de aprender”.
Álex Segura, CEO de Dapibus.
Los cuatro años hasta la inauguración de la planta fueron “una montaña rusa”, asegura Segura. “Durante el primer año y medio hicimos validación: modelo operativo, tecnológico, biológico, financiero y comercial. Cuando todo encajó, fuimos a buscar inversión. Piensa que este es un proyecto muy intensivo en capital —continúa el directivo—, pues solo para poner en marcha la planta hicieron falta entre 7 y 8 millones de euros”.

La empresa biotecnológica Dapibus [proteína en latín] persigue satisfacer la actual demanda global de alimentación animal —desde mascotas a porcino, aves, acuicultura y otros sectores de la industria agroalimentaria— aportando una solución innovadora y sostenible. En concreto, trabaja con millones de crías de la Mosca Soldado Negra (Hermetia illucens), uno de los insectos más estudiados por poseer un gran potencial como bioconversores.
En la nave de Abrera alimentan esas larvas neonatas con subproductos derivados de la industria alimentaria —pieles de patata, pulpas de fruta, el alperujo resultante de la extracción del aceite de oliva…— y, tras engordarlas, se obtiene la proteína para la alimentación animal de manera circular y eficiente. Se aprovecha todo. Una parte, los excrementos de los gusanos, servirá para abono. La larva deshidratada se convierte en harina que se transformará en pienso para animales.
Y, por último, la grasa de la larva, rica en ácido láurico y con propiedades antibacterianas, también tiene potencial como biocombustible e ingrediente cosmético, si bien en estos momentos se está aprovechando para pienso. “En cuanto a la alimentación de las larvas —puntualiza— trabajamos con subproductos agrícolas e industriales, como el alperujo del aceite de oliva, un subproducto que presenta importantes retos ecológicos debido a su gran volumen, su difícil manejo y su rápida velocidad de fermentación. Lo incorporamos a la dieta de las larvas y así mitigamos su impacto ambiental”.
Precisamente por el enfoque circular en la gestión sostenible de los orujos de oliva, Dapibus accedió a una subvención europea a fondo perdido de unos cuatro millones de euros enmarcada en el programa LIFE, que impulsa proyectos en todo el continente “para contribuir a la preservación del medioambiente y la adopción de modelos productivos más sostenibles”.
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En cifras, actualmente la planta recibe más de 10.000 toneladas de residuos al año que al pasar por el centro de Dapibus producen unas 1.000 toneladas de harina proteica, 2500 toneladas de fertilizante orgánico y 250 toneladas de aceite o grasa. Pero ¿por qué hablan siempre de proteína alternativa?
“No es que las proteínas tradicionales sean malas o de peor calidad. Buscamos una alternativa más eficiente y sostenible. Nosotros producimos proteína usando menos recursos y, además, alimentamos nuestras larvas con subproductos de la industria agroalimentaria. Nosotros producimos localmente, reducimos residuos y no generamos desperdicio alguno. Es un modelo de residuo cero”. Y para cerrar el ciclo, recientemente han instalado una zona de cría propia para producir sus propios huevos. Eso les permite mejorar los márgenes, pero también la eficiencia.
“Nosotros producimos localmente, reducimos residuos y no generamos desperdicio alguno. Es un modelo de residuo cero”.
Álex Segura, CEO de Dapibus.

La alimentación animal es solo la primera fase para Dapibus, una empresa que ya estudia y testea futuros productos para nuevos mercados como el farmacéutico y el cosmético. “Llevamos tiempo trabajando en I+D. No solo producimos harina y grasa para alimentación animal, sino que estamos desarrollando péptidos antimicrobianos para farmacéutica veterinaria y grasas con alto contenido en ácido láurico para cosmética”, avanza ilusionado Segura, quien siempre quiso poner en marcha una empresa con un impacto positivo.
La imponente planta de Abrera, en el Baix Llobregat (Barcelona), tiene unos 3.000 metros cuadrados de oficinas, granja y planta de procesado. En esta moderna instalación, con sistemas de inteligencia artificial que controlan parámetros como la temperatura o la humedad en tiempo real, se pueden elaborar unas 3.500 toneladas anuales de harina, aceite o grasa y fertilizante orgánico. Con todo, esta es considerada una planta “demostrativa” porque les permite “aprender y optimizar antes de escalar”. Y, sobre todo, demostrar que a escala operativa funciona perfectamente.
“Siempre mantendremos ese espíritu emprendedor. Esa curiosidad y esas ganas de hacer cosas no deberían perderse nunca”.
Álex Segura, CEO de Dapibus.
El próximo gran objetivo de Dapibus es abrir otra planta ocho veces más grande de cara a 2027. Según explica Segura, el sector de la alimentación animal requiere “muchísimo volumen”: “Una sola empresa porcina puede necesitar entre 10.000 y 20.000 toneladas de alimento al año. Nuestra planta produce alrededor de 1.000 toneladas. Por eso hablamos de planta piloto, porque esto solo es el principio. Queda muchísimo recorrido por delante”. Dapibus cuenta con una veintena de trabajadores y esperan emplear a entre 70 y 100 personas con la futura nueva planta, para la que necesitarán unos 40 millones de euros.
En 2026, su primer año entero con ingresos, podrían facturar cuatro millones de euros, según sus previsiones. ¿Cómo resuena la palabra ‘emprendedor’ en ellos ahora que son empresarios de éxito manejando cuentas con muchos ceros? “Emprender me parece una palabra maravillosa. Porque las grandes empresas nacen del emprendimiento. Y aunque ahora podemos decir que somos empresarios, creo que siempre mantendremos ese espíritu emprendedor. Esa curiosidad y esas ganas de hacer cosas no deberían perderse nunca”.