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Lecciones que podemos extraer de la derrota en el negocio (y en la vida)

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Lecciones que podemos extraer de la derrota en el negocio (y en la vida)

A nadie le gusta perder, y si no que se lo digan a la Selección Española de Fútbol –que se ha venido del Mundial de Rusia de manera prematura–, pero en la derrota hay muchas lecciones que podemos aprender sobre nosotros y nuestro desempeño en los negocios –y en la vida–.

Para algunas personas el dolor de la derrota lo inunda todo. Más dolorosa ésta que la euforia experimentada al ganar. No es buen plan: la línea que separa la derrota del éxito es muy delgada, pero siempre conviene no perder la perspectiva y extraer ciertas lecciones de toda experiencia. Aquí hay 5 lecciones que conviene no perder de vista:

Los errores son peldaños para subir más alto

La perfección no existe, es de perogrullo pero a veces –demasiado a menudo– se olvida. En algún momento o en cualquier tarea… vas a perder, vas a conocer la derrota frente a otros que están mejor preparados o simplemente han tenido mejor día. Todos cometemos errores y estos, lejos de ser un lastre en nuestra vida, son peldaños que sirven para subir un poco más la próxima vez. Nos enseñan a rectificar, a ser mejores.

Refuerza el carácter

Lo hemos visto muchas veces incluso en nuestras propias carnes. La derrota es una prueba de fuego para el carácter. Concretamente, en función de cómo la afrontemos puede decirnos si somos resilientes o, por el contrario, carentes de autoconfianza. La derrota no supone el fin de nada, simplemente un punto en la trayectoria, pero tirar la toalla tras ella sí que puede serlo. Aprender a no rendirse y levantarse es tan importante como no caer.

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Respeta el valor de los otros

En una situación de competencia siempre hay alguien que gana y alguien que pierde. En ese hecho reside la lógica interna de cualquier competición. Quien –sea la razón que sea– compite siempre aspira a ganar, sin embargo, también debería siempre respetar la capacidad, el esfuerzo y la dignidad de aquel que se opone a nosotros. Nadie puede aspirar a ganar algo sin proferir respeto a los demás y sin ganarse ese mismo respeto de los otros. Pocas veces se gana infravalorando. Pocas veces se logra el aplauso menospreciando. Dentro de esta idea cabe una cuestión no menor: tenemos que ser capaces de reconocer que, si alguien nos ha ganado, quizás se lo haya merecido. A partir de aquí toca asumir la derrota y analizar en qué hemos fallado para, en la siguiente oportunidad, no tropezar en lo mismo.

Beneficios alternativos

Los libros de historia siempre recuerdan a los vencedores de cualquier situación competitiva, el reconocimiento es casi siempre para ellos, pero también es cierto que en una competición no solo se dirime el halago público. No deberíamos obsesionarnos con ser siempre el primero en un campo concreto: la derrota no es el final de todo. Al contrario, aprende a valorar las enseñanzas y las experiencias que vas a extraer de una situación competitiva, independientemente de cuál sea el resultado. Es decir: ¿te lo has pasado bien en esa competición? ¿Has aprendido algo? ¿Has conocido a personas interesantes? ¿Has compartido tiempo y espacio con gente afín a ti? El fin no lo es todo: el camino también merece la pena y, como se suele decir: que te quiten lo bailado.

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Ganar siempre es muy aburrido

Ocurre en el fútbol moderno: debido a las diferencias presupuestarias, ciertos equipos se han acostumbrado a monopolizar los títulos hasta el punto de –en parte– haber dejado de disfrutarlos como antaño. La victoria inercial es poco estimulante. En ese sentido, perder también ayuda a disfrutar más intensamente de la gloria cuando ésta llega, porque casi siempre llega.  La derrota no va de lo mal que lo hemos hecho en relación a los demás, sino de cómo lo hemos hecho en función de nuestros propios objetivos y ambiciones. Si aprendes de la derrota, en el fondo no has perdido. Grábatelo a fuego.