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4 lecciones que el Mundial de Rusia puede enseñarnos sobre eficiencia en la oficina

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4 lecciones que el Mundial de Rusia puede enseñarnos sobre eficiencia en la oficina

El mítico Gary Lineker dejó dicha una sentencia que ha servido para describir, durante décadas, la lógica interna en el fútbol de selecciones. La sentencia era: “El fútbol es simple, once jugadores compiten contra once jugadores y siempre gana Alemania”.

La frase ha venido siendo cierta hasta el presente Mundial, donde Alemania ha caído eliminada en la fase de grupos. El fútbol está cambiando mucho, pero conserva una pauta que sigue y seguirá siendo indiscutible: a pesar de que los expertos estiman que un equipo de robots podría vencer la Copa del Mundo en 2050, el fútbol continúa siendo un deporte esencialmente humano, con el talento y el error como catalizadores de la acción y el resultado final.

¿Quién prefiere ver esto que a Hazard, Griezmann o Modric? –por poner tres ejemplos de jugadores que aún siguen vivos en el torneo–.

A medida que las máquinas acaparan más protagonismos en nuestros viejos trabajos, llegando incluso a suplantarnos, el fútbol continúa siendo una disciplina humana que puede enseñarnos cómo trabajar y alcanzar la perfección. Lo habitualmente dispuesto sobre el verde puede servir de modelo de las cualidades que necesitamos para prosperar en un empleo, cada vez más dominado por la inteligencia artificial y la automatización.

A continuación, las cuatro características de los equipos en el Mundial que pueden mejorar nuestro rendimiento en la oficina:

Ambigüedad

A diferencia de otros deportes, los partidos de fútbol pueden terminar en empate. Algunos empates son celebrados como victorias y otros son lamentados como derrotas, de modo que el fútbol está sujeto una una enorme subjetividad.

Últimamente, sin embargo, el fútbol ha abrazado el big data y los puristas han tachado la tendencia de contaminante. Y aún así esta objetividad recién conquistada, respaldada por la tecnología, sigue siendo difícil de alcanzar. Como el Mundial está demostrando, las decisiones de los árbitros, a pesar de la introducción del VAR, siguen siendo confusas y muy discutidas. Por mucho que los administradores se empeñen en hacer el juego más objetivo, éste se empeña en mantenerse subjetivo. Los mejores equipos son conscientes de eso, y lo usan a su favor presionando después de cada decisión controvertida.

Ocurre lo mismo en los negocios, este tipo de comodidad con la ambigüedad es imprescindible. Debido a mercados cada vez más volátiles, complejos, cambios acelerados e identidades fluidas, los líderes del futuros se distinguirán no por las certezas que pueden acumular, sino por las incertidumbres que pueden manejar.

Innovación constante

En un deporte de equipo como es el fútbol, la interacción entre inteligencia colectiva y talento individual es lo que lo hace tan único. Es lineal y jerárquico, basado en reglas, pero a la vez es completamente anárquico. En el libro Group Creativity: Innovation Through Collaboration, los ensayistas Paul B. Paulus y Bernard Arjan Nijstad argumentan que el fútbol presenta más oportunidades para la creatividad individual y la innovación que muchos otros deportes.  

Cada partido es una pizarra en blanco llena de ingenio, los jugadores necesitan refrescar el juego de manera constante con movimientos originales. El crack brasileño Ronaldinho lo expresó de este modo: “Siempre buscas sorprender, con un nuevo regate, un nuevo movimiento, un nuevo pase. Si no innovas, te quitan la pelota. Creo que es importante innovar para evitar la repetición “.

Cuando florece la imaginación sobre el césped se elimina la brecha entre la idea y la implementación. Y lo mismo ocurre sobre la innovación empresarial: es un esfuerzo abierto sobre el que no hay un estándar ni una fórmula universal. En un texto sobre la ‘corporación lúdica’, Martin Reeves, de BCG, enfatiza la importancia del juego para la innovación, con el que se “despliega la improvisación y la imaginación que nos inspira a nosotros mismos y a otros a explorar más efectivamente todas las posibilidades”.

Agilidad

Infinidad de entrenadores y expertos ayudan a los equipos profesionales de fútbol de hoy a preparar sus partidos, a encontrar la formación táctica perfecta y a explorar las debilidades del oponente. En la pizarra todo queda bien alineado, pero luego, en el verde, cada partido se convierte en un pequeño caos. El fútbol es relativamente aleatorio, y el resultado del partido termina cayendo del lado del que mejor combina la habilidad con la suerte.

Esto hace que el fútbol sea impredecible, mucho más que otros deportes. Esto hace que un equipo como Rusia, teóricamente inferior a la selección española, pueda echarnos del Mundial. Las estructuras son líquidas y tanto jugadores como entrenadores deben adaptarse constantemente sobre el terreno de juego. Guardiola es buen ejemplo de ello, pues está acostumbrado a practicar intervenciones sobre el terreno incluso a los pocos minutos de arrancar el partido. Cumple con la siguiente máxima: un plan perfecto es útil siempre que estés dispuesto a renunciar a él.

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Asimismo, en este deporte obtener el rechace –la pelota errática, involuntaria– es vital. No se puede predecir exactamente dónde va a aterrizar, pero se puede anticipar de manera intuitiva y ganar el pulso al rival con una nueva oportunidad. Esto se puede aplicar en los negocios: nunca sabes cómo responderá el mercado o los clientes con un nuevo lanzamiento de producto o servicio. En cualquier caso, raramente es el primer tiro el que marca gol.

Esto contradice la estrategia tradicional: ya pasaron de moda los tiempos en los que se planificaba por tres o cuatro años. Cada vez más servicios y productos se trabajan ad-hoc en respuesta a eventos inesperados. Puedes intentar anticipar estos eventos, pero, de todas formas, la reacción será prácticamente improvisada.

Una empresa debe funcionar como un buen mediocentro: éste responde sobre la marcha, con conciencia situacional y visión periférica. Un jugador como Luka Modric pocas veces tiene la mirada depositada en el balón, sino que está constantemente buscando opciones de pase, listo para tomar una decisión fugaz que romperá el partido a su favor.

Emoción

Los jugadores de fútbol habla de sufrimiento cuando el partido se les tuerce. Incluso los aficionados sufren en una demostración de pasión infinita por sus colores. El fútbol enciende la pasión dentro y fuera del terreno de juego, desencadena y amplifica todas las emociones humanas, desde el dolor hasta la incertidumbre o la euforia y, al cabo de varios días, la vergüenza y el desconsuelo –los argentinos acaban de atravesar esta montaña rusa–.

Como seguidores, podemos tratar de mantener la calma, pero tarde o temprano el juego quebrará nuestra armadura y sacará nuestra pasión a la vista de los demás. Y si bien es importante que el equipo gane, también lo es cómo gana y cómo pierde. Todo eso forma parte de la cultura de nuestro equipo.

En los negocios, sin embargo, siempre se juega para ganar sea como sea. En el futuro perderemos algo, previsiblemente; en vista de la la automatización, la economía dinámica y las estructuras de trabajo flexibles perderemos la estabilidad y la continuidad del empleo tradicional.

Asumiremos proyectos y los soltaremos con mucha frecuencia. Necesitaremos nuevos protocolos para enfrentar esas pérdidas y nuevos comienzos, con la gestión de las transiciones entre proyectos. Nuestras carreras no serán lineales, sino que implicarán desvíos constantes, fricciones, avances y retrocesos. Tendremos que reinventarnos una y otra vez.

Y esto es justo lo que España no pudo hacer en Rusia. No fue capaz de trascender un estilo que ha terminado más siendo un lastre que una bendición. En la época del Mundial de Sudáfrica ‘La Roja’ avanzaba impulsada por un motor claro, su fe ciega en el estilo de toque, pero desde entonces no ha hecho otra cosa que perder fuelle hasta desinflarse por completo. No ha sabido reinventarse. Además, desde que la selección ganó su primera estrella ha habido una grave carencia de ambición.

Esto es una lección para los profesionales de los negocios: solo si realmente deseamos algo, un proyecto, una idea, una corazonada, sólo si nos enamoramos de eso estaremos inspirados y seremos capaces de inspirar. Es decir, la mejor manera de crecer en el trabajo es desear hacerlo con todas nuestras fuerzas y nuestro talento.

(Fuente: Quartz)