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¿Son los autónomos víctimas de la economía sumergida?

¿Son los autónomos víctimas de la economía sumergida?

¿Sabes qué es exactamente la economía sumergida? ¿Les afecta especialmente a los autónomos? Intentemos responder estas preguntas…

El concepto de autónomo se suele ligar a veces al de las prácticas sumergidas de economía en un tanto monta, monta tanto que hace inevitable la pregunta: ¿es real? ¿Esto ocurre de verdad? ¿O es un mito empresarial ligado a los trabajadores por cuenta propia? Vamos a intentar dar respuesta a estas preguntas.

Porque, seguramente, si eres autónomo, seguro que estás pensando que suficiente tienes con apañarte para entender tu programa contable como para ponerte a buscar la forma de operar de forma sumergida. Pero eso es algo que se dice y se comenta. Y, por lo tanto, muchos son los que piensan que, cuando el río suena, es que agua lleva.

Así que preguntemos de una vez por todas: ¿son los autónomos víctimas de la economía sumergida?

¿Qué es la economía sumergida?

Para dar respuesta a esa cuestión, sin embargo, es necesario definir a qué nos referimos cuando añadimos lo de «sumergida» detrás del término «economía». Estamos hablando, fundamentalmente de toda aquella actividad económica que se realiza fuera del radar de Hacienda y de la Agencia Tributaria.

Lo más habitual a este respecto son trabajadores o empresas que no pagan impuestos y que, por lo tanto, pueden ofertar su actividad de forma más barata. Lo que, a su vez, crea una situación de competencia desleal (e ilegal, obviamente) respecto a otros trabajadores y empresas que sí que pagan sus impuestos.

Este tipo de actividad implica, además, contratar a trabajadores a los que se les paga en negro (es decir; sin pasar por Hacienda ni la Agencia Tributaria). De esta forma, el pagador se ahorra tributar por el trabajador y, a su vez, el trabajador es libre de realizar otras actividades económicas ya que estas, a efectos legales, no existen.

Estas son, básicamente, las prácticas más comunes dentro de la economía sumergida. Pero ya sabes: a la hora de montar chanchullos, el ser humano no podría ser más creativo. Así que, dentro de este tipo de economía, entran muchas otras prácticas a cada cual más sorprendente.

Situación actual de la economía sumergida en España

Sentada esta base, a lo mejor estás pensando que este tipo de economía es algo extraño y escaso en España… Lo que, te lo aseguramos ya, es un error total de percepción. El último años del que se tienen datos oficiales al respecto es 2015, y entonces se calculó que la economía sumergida suponía el 22% del PIB de nuestro país. Ni más. Ni menos.

Y, vale, países como Italia, Croacia y Rumanía solo están un poquito por delante en ese porcentaje y, de hecho, España está lejos de los grandes practicantes de estas prácticas sumergida, que serían Grecia, Malta y Chipre. Pero, a la vez, estamos también muy lejos de otros países como Canadá (9%), Reino Unido y Japón (8%), Alemania (7,8%) o los campeones de la economía legal: Estados Unidos y Suiza, ambos con tan solo un 7%.

Aun así, no todo van a ser malas noticias. Hay que admitir que, por lo menos, la economía sumergida se ha reducido en los últimos 25 años. En 1991, por ejemplo, se estimaba que esta economía suponía un 27,5% del total de nuestro país. Así que, como suele decirse, algo es algo.

Consecuencias de la economía sumergida

Llegados a este punto, a lo mejor puedes haber llegado a la conclusión de que, si este tipo de economía prolifera, será porque de alguna forma u otra es positiva… Una idea que está contravenida directamente por sus dos grandes consecuencias. Spoiler: son consecuencias negativas.

Para empezar, resulta que las pérdidas que este tipo de prácticas generan a la tesorería de un país no son moco de pavo. Se estima que, en España, se pierden cada año entre 26.000 y 40.000 millones de euros. Y, obviamente, esta pérdida repercute directamente en la riqueza del país y, en consecuencia, en el estado del bienestar del mismo.

En segundo lugar, el hecho de que un empleado trabaje en negro implica todo un conjunto de problemas adyacentes. Para empezar, al no tributar en Hacienda no está aportando para su futura pensión. Pero es que, además, este tipo de trabajadores no reciben ninguna protección, ni derechos laborales ni las prestaciones de la Seguridad Social.

Así que, con todo esto sobre la mesa, repitamos la pregunta: ¿son los autónomos víctimas de la economía sumergida? Que cada uno saque sus propias conclusiones.