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La ‘destrucción creativa’ de Netflix o cómo reconquistar el mercado desde cero

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La ‘destrucción creativa’ de Netflix o cómo reconquistar el mercado desde cero

No siempre fue una plataforma de streaming. No siempre produjo series icónicas de las que hablaría medio mundo. En sus orígenes, allá por 1997, Netflix empezó siendo un negocio de alquiler online de DVD. Pero fueron los mismos responsables de la compañía quienes decidieron acabar con este proyecto para refundarse en algo más grande, más relevante.

Está todo descrito en el libro de Gina Keating ‘Netflixed: The Epic Battle for America’s Eyeballs’, pero, a modo de sinopsis, basta con decir que es el relato de una autodemolición controlada que más que resurgir cual ave fénix pretendía revolucionar el mercado del cine y la televisión. Y lo consiguieron.

Como hemos mencionado arriba, Netflix nació en 1997 de la mano de los empresarios –de Silicon Valley, no podía ser de otra manera– Marc Randolph y Reed Hasting. Arrancó siendo un negocio de alquiler online de DVD en los tiempos en los que el reproductor de DVD no era una tecnología tan común. Entonces los Blockbuster seguín reventando taquillas casi cada fin de semana, pero el proyecto de Netflix con su propuesta de alquiler a través e su plataforma redujo la afluencia en los cines en detrimento del incipiente boom del cine en casa.

Tan exitosa fue la idea de Hasting y Randolph, que el día que lanzaron el negocio el servidor llegó a colapsarse. No obstante, los beneficios no fueron los esperados y una década después iniciaron un cambio de estrategia que fue la semilla de lo que hoy conocemos como Netflix.

Así, en 2007 empezaron a explorar el mundo del streaming cuando esta posibilidad aún no era ampliamente conocida y cuando la tecnología que la hacía posible estaba casi por desarrollar, pero donde ya operaban dos gigantes tecnológicos como Google o Amazon.

Lo hicieron arrasando con su negocio anterior. Para ello, recurrieron a algunas estrategias como cargarse su base de suscriptores subiéndoles las cuotas y ofreciendo un servicio deficitario. Pese a esa arriesgada decisión, recibieron la prueba de que iban por el buen camino cuando en 2010 se produjo la caída de Blockbuster con pérdidas superiores a los 1.000 millones de dólares. Fue ahí donde esprintaron en el negocio de vídeo bajo demanda hasta convertirse en la plataforma que es hoy.

Según la web Emprendedores, el ejemplo de Netflix lo rescató Diego Sebastián, director de innovación de Hawkers, en un encuentro titulado ‘Ideas & Breakfast’. En él se refirió a lo que se conoce como ‘Radical Innovation’ y, dentro de ella, la estrategia conocida como la destrucción creativa.

Este concepto trata de diferenciar lo que vulgarmente se conoce como innovación lineal para el progreso de los negocios y la innovación disruptiva, aquella que logra un cambio relevante en las costumbres de las personas o aporta algo que no existía hasta el momento de su aparición. Los rayos X son un ejemplo de ese tipo de innovación.

Para llegar a este tipo de hallazgos hace falta bucear en las entrañas de la innovación disruptiva, donde el gran problema está dentro de las dinámicas de la empresa y es el mismo que te llevará al modelo lineal.

No obstante, Diego Sebastián advierte que para incorporar la innovación radical a los procesos de una empresa hace falta solvencia económica, puesto que se trata de un camino complejo y muy arriesgado. “Lo primero que hacen muchas de las que optan por la innovación radical es fragmentar la empresa”, afirmaba el creativo en una charla de la que se hace eco la revista Emprendedores.

Un ejemplo: en lugar de incorporar la venta de productos especializados y venderlos bajo el nombre de una gran marca, caso de Carrefour, el planteamiento radical pasaría por abrir una división específica para la creación de un producto propio. “El riesgo es que la unidad nueva de negocio tenga un éxito imprevisto y canibalice a la original”, añadía Sebastián.

De modo que cabe hacerse una pregunta: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a innovar? Aún más: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a crecer a costa de renunciar a la idea original de nuestro negocio? Netflix lo hizo hasta un punto alucinante: consiguió cambiar nuestros hábitos de consumo cultural para siempre.