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Toma nota: la estrategia más inteligente para resolver desacuerdos laborales

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Toma nota: la estrategia más inteligente para resolver desacuerdos laborales

En este artículo hablaremos de la resolución de conflictos laborales, y para ello utilizaremos el ejemplo de una startup tecnológica: normalmente, en este tipo de empresa, el efectivo suele escasear, pero aún así no puede permitirse defraudar las expectativas e incumplir sus promesas.

En un inicio, los ingenieros de esta startup no están concentrados lo suficiente en los problemas de experiencia del usuario, sin embargo, tu ingeniero jefe quiere ir un paso más lejos. No conseguís poneros de acuerdo. El ingeniero jefe quiere hacer un lanzamiento inicial para que los ingenieros puedan hacer pruebas sobre la versión beta. Argumenta que las grandes compañías tecnológicas como Google y Apple lanzan versiones de prueba constantemente, y te dice que estás perdiendo tiempo y dinero por no hacer lo mismo que estas empresas gigantescas.

Tú piensas lo opuesto. Consideras que lanzar una versión del producto tan verde es un suicidio para la compañía. ¿Qué pasa si los usuarios te dan una única oportunidad, y se marchan para no volver después de probar tu producto inacabado? Si tu producto inicial es difícil de usar, podrías perder toda posibilidad de negocio.

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Pasan los días, las semanas; el desacuerdo con el ingeniero jefe es total y el conflicto sigue estancado en una vía muerta. Tú has intentado aportar pruebas y ejemplos para demostrar que él está equivocado, él ha hecho lo mismo contigo. Las conversaciones están subiendo de tono hasta el punto de que él cuestiona tu liderazgo y tú cuestionas su compromiso.

¿Como desencallamos esta situación? Encontrar algo, un punto de encuentro significativo para empezar a construir a partir de él. Veamos cómo hacerlo.

El punto de encuentro

Cuando dos personas quedan atrapadas en un conflicto suele ocurrir que cada una de ellas intente demostrar que tienen razón, lo cual solo consigue empeorar las cosas. Si alguna de las partes cede es a consecuencia del desgaste, no del convencimiento. Y ese acercamiento estará condicionado además por la pérdida de energía, de tiempo y de fuerza mental. Sin embargo, ocurre algo distinto cuando se aborda desde un enfoque distinto. Al encontrar un nexo de unión tan pronto como se detecten los primeros signos de tensión, las dos partes podrán empezar a trabajar o, al menos, a conversar desde ese bálsamo.

Míralo desde este punto de vista: siempre hay algo de cierto en el pensamiento de la otra parte. Puede ser la intención, la premisa, la lógica o la articulación de esta lógica. Puede ser la expectativa. Lo que se. En el ejemplo anterior se puede estar de acuerdo con las preocupaciones –lógicas– del ingeniero jefe y convenir que es sensato ofrecer versiones de prueba para que su equipo trabaje sobre un producto real. “Busquemos una forma de hacerlo sin que tenga que estar en manos del público, porque también hay que proteger la experiencia de marca”. Problema resuelto.

También se puede estar de acuerdo con la premisa de que los gigantes tecnológicos hacen pruebas de este tipo, y que es muy beneficioso para la empresa pasar por ese trámite. Seguir su ejemplo, a priori, no parece mala idea.

O incluso se puede buscar un discurso más abstracto y motivador. Valorar el entusiasmo que está aportando a la empresa y las ganas que tiene de desarrollar un producto potente. “Tenemos mucho potencial, pensemos cómo podemos utilizarlo a nuestro favor para llegar lo más lejos posible”.

La psicología del acuerdo

Este enfoque sirve para alcanzar lo que los psicólogos denominan “realidad compartida” y “justicia procesal”. La realidad compartida viene a ser lo que ocurre cuando los demás ven una realidad de determinada manera y se la describen a sus semejantes para hacerlos partícipes. Es perturbador cuando otros no comparten tu visión de la realidad, porque indica que existe una brecha cognitiva.

Sin embargo, cuando lo hacen, cuando comparten esa mirada, sitúa a las personas en el mismo bando y las predispone para la colaboración. Por su parte, la justicia procesal trata de obtener una audiencia imparcial. Es cuando podemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Puedo realmente ser escuchado?” Y respondamos de manera afirmativa. Cuando nos sentimos escuchados es mucho más probable que aceptemos un argumento, porque sabremos que lo han contrastado con nuestra opinión.

Pero ahora miremos el consenso de argumentos desde otro punto de vista. ¿Y si estar de acuerdo con alguien que no tiene razón te hace parecer un empleado débil? ¿Y si la otra persona ha cometido un error o tiene la culpa de algo? ¿Le dejarás irse de rositas? Si les das cancha, ¿no irá más lejos todavía? Son preocupaciones lógicas, pero no aportan gran cosa. Es decir, puedes reconocer el error ajeno y encontrar un nexo de unión sin tener que renunciar a tus ideas. Una cosa no invalida la otra.  Se puede estar de acuerdo con un punto y defender otro distinto.

La clave consiste en construir una base sólida. Habiendo creado la base para la realidad compartida, la justicia procesal y la reciprocidad, es más fácil que puedas defender tus ideas sin miedo a que estas sean rechazadas de plano.

Habiendo creado la base para la realidad compartida, la justicia procesal y la reciprocidad, es menos probable que encuentres resistencia para defender tus propias necesidades de esta manera.

Además, hay una consecuencia inesperado nacida de este enfoque. Llegar al entendimiento tiende a sacar lo mejor de otros, pero también de ti mismo, por lo que pensar de manera colaborativa puede despertar tu consciencia de una manera que nunca lo había hecho.

(Fuente: Fast Company)