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¿Cómo lidiar con la morosidad de tus clientes?

¿Cómo lidiar con la morosidad de tus clientes?

Hablar sobre clientes morosos es uno de los deportes favoritos de todo autónomo y/o empresario… Al fin y al cabo, y más allá del chascarrillo, los clientes morosos no solo son una preocupación constante, sino también una pesadilla que puede acabar paralizando por completo el proceso de facturación.

Y eso es algo que ninguna empresa puede ni debe permitirse. Por eso mismo, este artículo pretende ofrecerte todo un conjunto de consejos para lidiar con la morosidad de tus clientes: cómo prevenirla y, sobre todo, cómo gestionarla una vez se ha producido y empieza a convertirse en un verdadero problema.

 

Más vale prevenir…

Ya lo dice el refranero tradicional: más vale prevenir que curar. Y, en lo concerniente al tema de la morosidad, prevenir empieza por asegurarte de que absolutamente todos tus clientes conozcan con claridad y precisión los términos de tus facturas: las condiciones de pago, el método a través del que deben efectuarlo y el período máximo para solventarlo.

Una vez establecida esta base, lo siguiente es llevar un riguroso control de los períodos de facturación y, sobre todo, intentar crear un flujo de facturación digital a través de algún tipo de software que automatice el proceso y que lo simplifique lo máximo posible. Un buen ejemplo sería el software de facturación de Holded, que te permite personalizar tus facturas, enviarlas, cobrarlas, controlar tus vencimientos y disponer siempre de una visión clara del estado de todas tus facturas.

 

Negocia la deuda

Existe la idea generalizada de que la única salida ante la morosidad es recurrir a la vía dura de la ley… Y eso no tiene por qué ser del todo cierto. Hay ocasiones en las que la negociación es la mejor salida, y la negociación empieza en contactar tu cliente y preguntar amablemente si ha habido algún problema que haya impedido el pago de la factura. Quién sabe, a lo mejor ha sido un error humano que se puede solventar con velocidad y sin pasar a mayores.

Pero también puede ocurrir que te encuentres ante la certeza de que el (ahora sí) moroso no puede hacer frente al pago. En este caso, y antes de recurrir a la ley, también puedes intentar negociar el impago por tres vías: el aplazamiento (en el caso de que te aseguren que podrán hacer el pago en un plazo concreto), el fraccionamiento (si se da la eventualidad de que se trata de una cuantía elevada que el moroso podría abordar de forma paulatina) o el intercambio de servicios (solo si da la casualidad de que la empresa morosa puede ofrecerte un servicio o un producto que puedas servirte de utilidad y, sobre todo, que sufrague el valor de la factura impagada).

 

Recurre a la ley

¿Lo has intentado todo y ya se te ha agotado la paciencia a la hora de esperar que un cliente moroso te pague? Pues solo te queda una salida: recurrir a la ley. Y esta ley es el Procedimiento Monitorio: el procedimiento judicial que, fundamentalmente, fue creado por la Ley de Enjuiciamiento Civil para regular la reclamación de deudas.

Antes de arrancar este proceso, sin embargo, será necesario que hagas llegar a tu cliente moroso una carta formal y un burofax implicitando un requerimiento de pago de la cantidad concreta a pagar. Si este sigue sin cooperar, ahora sí que es el momento de iniciar el Procedimiento Monitorio presentando en el juzgado pertinente toda la información relevante sobre la deuda impagada: facturación, contratos, etc.

Llegados a este punto, debes ser consciente de que, si la deuda es inferior a 2.000 euros, no será necesaria la intervención de un abogado o procurador. Pero que, incluso en ese caso, siempre (absolutamente siempre) es recomendable que un profesional se involucre en el proceso para que este llegue a buen término. Eso sí, recuerda: recurrir a lo legal debería ser la última opción tras haber agotado el resto de vías amistosas porque, al fin y al cabo, también supondrá el cese de toda relación con el cliente en concreto.