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5 ‘verdades’ socialmente aceptadas que destrozan la innovación

7 mayo, 2018

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5 ‘verdades’ socialmente aceptadas que destrozan la innovación

Las empresas operan actualmente en un entorno excepcionalmente volátil y complejo. El mercado se ha vuelto demasiado cambiante como para que sigan triunfando las ideas tradicionales, aquel tipo de sabiduría que soportaba a las organizaciones en el pasado. Hoy, esas mismas ideas pueden llevarnos a la quiebra.

La innovación es la única forma de sobrevivir en este mundo acelerado y el éxito un concepto al alcance de unos cuantos: quienes atesoran nuevas formas de liderazgo. Quienes están dispuestos a pensar diferente.

En el presente artículo nos proponemos desmitificar algunas ‘sabidurías’ obsoletas y cambiarlas por ideas más pegadas a la actualidad:

“El fracaso no es una opción”

Sí que lo es; de hecho, el fracaso es una eventualidad necesaria para lograr la innovación. En lugar de perseguir ciegamente la perfección y condenar los errores, un buen líder debe alentar una cultura de empresa en la que los errores se producen de manera breve y controlada, favorecer el aprendizaje de esos fallos y esparcir  el aprendizaje a través de todos los trabajadores de la empresa.

“Correcto es enemigo de lo excelente”

El consultor James C. Collins considera que Estados Unidos no tiene excelentes escuelas porque tiene escuelas buenas, ni tiene un excelente gobierno porque se ha conformado con uno bueno. “Pocas personas logran vidas excelentes, porque es muy fácil conformarse con una buena vida”, apostilla. Esta opinión hunde sus raíces en los vestigios de la era industrial, donde las cosas eran completamente predecibles.

En la era VUCA –volatilidad (volatility), incertidumbre (uncertainty), complejidad (complexity) y ambigüedad (ambiguity)– hacer las cosas de manera correcta, como crear una cultura de innovación, es más importante que hacerlas bien o de manera eficiente y productiva. ¿De qué sirve fabricar productos perfectos y excelentes si mañana quedarán obsoletos? En este sentido, la excelencia no siempre es garantía de éxito.

“Los empleados necesitan un equilibrio trabajo-vida”

No existe tal cosa. La ecuación trabajo-vida está planteada como un juego de suma cero en el que invertir una más en el trabajo da como resultado una hora menos de vida. Sin embargo, nuestro cerebro no está capacitado para compartimentar nuestras diferentes esferas con tanta precisión. Al contrario, un líder –o un trabajador– debe ser congruente con todos sus roles, ya sea como padre, hermano, ciudadano o empleado de una determinada empresa. El nuevo líder debe sentirse cómodo en la frontera de cada una de estas etiquetas, que han de ser permeables; Asimismo, conviene conjugar la acción con la emoción y ésta con la razón; sea la esfera que sea. Asumámoslo: ya no existen compartimentos estanco dentro de nuestras vidas.

“No me pongas delante un problema a menos que me entregues también la solución”

En plena esfervescencia del saber colectivo y la inteligencia compartida, tratar de solucionar un problema de manera individual es volver a vivir en 1990. Las soluciones que puede encontrar un individuo solitario, por muy genio que éste sea, palidecerán al lado de las generadas por la sabiduría de la multitud.

Hoy nos deslumbra ni la maestría técnica ni el carisma individual. Actualmente es más importante hacer las preguntas correctas que tener todas las respuestas, porque éstas al alcance de cualquiera que las sepa buscar con algo de imaginación.

“Las emociones son inapropiadas en el puesto de trabajo”

Muchas veces el profesionalismo se privilegia sobre la autenticidad, puesto que hemos desarrollado una dependencia excesiva hacia el hemisferio izquierdo del cerebro. Lo hacemos porque pensamos que la emoción no es una característica profesional.

No obstante, dejar la emoción fuera de la oficina priva a los líderes de tomar decisiones inspiradas en su propia autenticidad, y ser auténtico es lo que diferencia a un buen líder de otro hecho de cartón-piedra. Además, esa autenticidad está construida a base de seguridad y confianza, dos cualidades imprescindibles a la hora de tomar ciertas decisiones.

¿Crees que para ser un buen profesional tienes que comportarte como un robot? Bueno, tal vez en un futuro próximo te reemplacen por uno.

(Fuente: Forbes)